Dulce María Loynaz

El niño quiere jugar...

Para que el niño de los ojos mansos juegue
arranqué del jardín mis rosas blancas.
Y mis rosas rojas...
 
Para que juegue con sus hojas
el niño de los ojos mansos
—obscuros remansos
donde el alma sueña
que se ve otra vez
diáfana y risueña...—
 
Para que juegue el niño
de cuello de encaje, de capa de armiño...
Como todos los niños
que se ven en los cuadros:
¡Inocente y cruel como todos los niños!...
 
En esta mañana de luz y fragancia
corté para el juego del niño que amo
las más frescas rosas, las rosas de Francia.
Para que el niño juegue, las rosas mas blancas...
—¡Última blancura! —:
la rosa más pura.
 
Para que juegue el niño
en esta brillante mañana olorosa,
la rosa más roja...
 
(¡Aun tengo sangre para teñir una rosa!...)
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