Al son del eco el bandolero calla el habla del silencio. ¡Qué triste, bandolero! Cuando callas cruzas corte y cuando cortas catas credo;
Es para mí complicado dedicarte esta poesía: arte mayor la que exclamas, arte menor la mía. En danzas suena la música efímera
Si muero, no me importa, tú sonríe, con esos ojos, con ese brillo, ríeme al oído para poder escuchar
Adiós, mi viejo amigo, ahora que te has ido vida nace en un pardal. No es una coincidencia, que de todas aparezca
Cinco gatos en una bolsa, cinco en la losa, cinco en la fosa. En el agua cinco, sin el aire cinco.
De papeles, la montaña que te ahorca en su sendero, todo aquel es testimonio si lo entierra su heredero. ¿Quién, tras ellos, escribe
En la ira de tus besos, me siento vivo, extasiado, porque en ti hallo el regocijo que me aclama
Ojalá, León, seas campo alegre mayor; en la ciudad opaca, equidistante, no eres puente de amor. Ojalá, León, seas
Fría y rosa la gula infante, y sabrosa, en la savia rebosante de su fresa lujuriosa. Ese pie de fresa esconde
Arco y chelo en su fricción, resuenan tras la madera, curva sed de perfección, curva y hiel de sus anhelos. Sobre las rizadas cuerdas
La herida del ser, aquello que marcan las olas con sal en la cicatriz, sin salir la parca. La herida de poseer,
El tallo del lirio marchito respira sobre hojas caducas mecidas por viento supino olvidan las ríadas que surcan. La planta ardiendo se enceniza
Se me ha antojado el panecillo, se me antoja... ese churrusquillo, de toma, pan y moja. Se me ha antojado
Este fermentado se ha adaptado a todas mis papilas gustativas; Media es la cerveza degustada, media, mi memoria olvidadiza. Embriágame la amargura de su lima,
¿Qué he de decirte, mariposa, cuando apenas puedes volar? Esta triste red empaña tus alitas de cristal. ¿Qué he de decirte, mariposa,