Hay quien dice que la vida
es un juego de equilibrios,
un cruce entre la suerte y el destino,
donde el azar juega a ser Dios
y la razón busca su última victoria.
Miran y no ven.
Creen que el cielo está allí,
en lo claro, en lo ordenado,
en el camino que todos siguen,
sin cuestionar el sudor que empuja
y la cadena que arrastra.
Pero yo,
no veo los márgenes de esa línea recta.
Veo el abismo que se abre
cuando la mente se disuelve
y la cordura se disfraza de carcelero.
¿Qué es la cordura
sino una jaula dorada,
un bello enigma que aprisiona
la verdad desnuda?
¿Qué es la lógica
sino la mentira disfrazada de verdad,
un juego de palabras que pone límites
a lo que es ilimitado?
Elijo la locura,
y en ella,
en su danza caótica y sin razón,
encuentro la libertad
que la sensatez me niega.
Elijo la locura
que rompe el calendario,
que devora el tiempo y la historia
sin preguntar quién la observa,
quién la juzga.
Elijo el caos
en lugar de esta guerra callada,
en lugar de esta paz impuesta
que se disfraza de mentira.
Porque en la locura
hay más verdad
que en todos los silencios ordenados.
Y en la locura
hay más vida
que en todas las rutinas que nos matan lentamente.
No quiero ser comparsa
en esta farsa disfrazada de razón,
ni prisionero de los ecos
de una civilización que se olvida de vivir.
Elijo el desorden
que me abraza y me libera,
elijo ser rebelde
contra las cadenas de la mente.
Elijo la locura,
como la flecha que apunta
al corazón del alma,
y me pierdo en su vuelo sin fin,
sin miedo a ser incomprendido,
sin miedo a ser el eco
que resuena en el abismo.