No tiene espinas, solo la insistencia
de trepar suavemente los umbrales,
y en cada flor, tan leve, su presencia
susurra que el amor no quiere males.
No corta, no se impone, no deslumbra,
se entrega en cascadas amarillas
como quien en la sombra se acostumbra
a dar sin condiciones ni orillas.
Su tallo es una línea de paciencia,
sus pétalos, la infancia de una aurora,
y su perfume leve es la conciencia
de que el alma se abre cuando implora.
Banksiae, tan sereno rosal viejo,
te alzas sin herir... y alzando, reflejo.