Hoy nace el sol con rostro diferente,
porque celebra el verbo su estandarte;
es Justo Aldu, farol resplandeciente,
palabra firme, lúcido baluarte
que honra la vida, libre y consciente.
Poeta, sí, mas más que solo canto:
escritor que se adentra en la conciencia,
ensayista de voz que alza su manto
y analiza el dolor con la paciencia
de quien al todo observa sin quebranto.
De su pluma se alzan los derechos
como banderas limpias, bien erguidas;
su verbo rompe siglos y despechos
y defiende las voces más heridas:
de niños y las niñas y sus derechos.
La adolescencia halla en su mirada
no juicio, no castigo, sino amparo;
y en cada línea queda dibujada
la dignidad que al niño es su reparo,
la justicia que espera ser nombrada.
No escribe por ornato ni por juego,
ni busca el brillo fácil del aplauso;
lo guía la verdad, no el ruego ciego,
y nunca ha sido esclavo de su cauce,
pues su palabra es fuego, río y ruego.
Hoy lo honramos, no solo por su arte,
sino por ser del alma un centinela;
por no callar jamás, por ser parte
de los que hacen del bien su más fiel vela
y del amor humano, su estandarte.
Que viva muchos años su presencia,
que nunca enmudezca su poesía,
que siga siendo luz, fe y resistencia,
y que el mundo, al mirarlo, cada día
sepa que hay dignidad en la conciencia.