Hoy me pierdo en tu luz,
en esa belleza que ya no se esconde,
que fluye, serena,
en cada gesto que das.
Tu cuerpo, que alguna vez fue solo suavidad,
ahora guarda el eco de mil historias,
y en tus ojos veo el reflejo
de un amor que se expande
como la luna que nunca pierde su forma
aunque se renueve cada noche.
Tu figura, silenciosa,
habita el aire como un perfume
que ya no necesita ser nombrado,
porque todo lo que tocas se llena
de una quietud infinita
que solo tú sabes dar.
Eres la presencia que me sostiene,
la que da sentido a cada rincón
que antes estaba vacío,
y en tu caminar se nota
que has crecido
en la dulzura de la entrega,
en la fuerza de la fragilidad.
Hoy, tu belleza no es solo la misma,
es más grande, más profunda,
porque eres madre,
y al serlo, el mundo
se detiene un poco
para admirar tu quieta grandeza.