No dejaste cartas,
ni nombres escritos en los espejos,
ni palabras que repitan tu forma.
Y sin embargo,
cuando la casa duerme
y el mundo calla,
algo tuyo se mueve en el polvo
que flota en la luz de la lámpara.
No sé si es el aire
o un resto de tu sombra
negándose a disolverse.
No sé si te fuiste del todo
o si hay rincones del tiempo
donde aún existes,
esperando que pase por ahí
sin darme cuenta.