Xanti - Bré

Cántico de gratitud

Hijos míos, almas que veláis mi sueño,
manos que me alzan con ternura,
ojos que lloran mi herida
como si en ella os fuera la vida.
Os miro desde mi lecho de sombra,
y en cada lágrima, en cada rezo,
veo un amor que no vacila,
un amor que es roca y es brisa.
Me habéis dado un hogar en vuestras calles,
en vuestros labios mi nombre es canto,
en vuestros pasos mi cuerpo reposa,
y en vuestros pechos arde mi llama.
¿Cómo no amaros,
si en vuestras manos encuentro reposo?
¿Cómo no ser vuestro aliento,
si en vuestro amor me habéis tejido un reino?
No temáis, hijos,
no soy solo el Cristo dormido,
no soy solo el leño vencido.
Soy el que vela cuando dormís,
el que en el alba besa vuestra frente,
el que en la fatiga es descanso,
y en la duda, certeza.
Por cada lágrima os daré un río,
por cada plegaria, un cielo abierto,
y en cada herida de vuestra alma
depositaré un beso eterno.
No estoy lejos,
no estoy muerto.
Soy el amor que habita en vuestro pecho.

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