Nacer es abrir los ojos demasiado tarde.
El relámpago ya pasó,
pero el trueno sigue en el pecho.
El tiempo es un hilo que nadie sostiene,
una ecuación donde la incógnita es siempre el final.
Nada es real hasta que duele,
y para entonces, ya es un eco sin boca.
Si corres lo bastante rápido,
tal vez veas tu sombra adelantarte,
mirarte con la lástima de quien ya sabe
en qué rincón del polvo terminarás.
El mar olvida cada ola que rompe.
La estrella no sabe que brilla.
Solo el árbol recuerda la forma del viento
que lo hizo temblar.
Nosotros no.
Nosotros aprendemos cuando todo arde,
cuando el mundo se revela
como una broma que nadie explicó.
Y cuando por fin entendemos,
el telón ya cayó,
y alguien barre el escenario.