Te fuiste y no supe el momento,
fue tan lento como el deshielo,
como se va el último aliento
cuando ya no se espera el cielo
ni se pelea contra el viento.
Quité tu imagen de mis días
sin llanto, sin abrir heridas,
como quien guarda las alegrías
que ya no caben en la vida
pero tampoco son mentiras.
No hubo drama ni despedida,
solo el gesto leve y callado
de soltarte sin medida,
como quien se queda helado
y ya no espera la salida.
Tu ausencia no tuvo ruido,
ni dejó huellas en la voz,
solo un rincón mal entendido
donde antes hablaba de los dos
y ahora no encuentra sentido.
Y así, sin odio ni condena,
sin respuesta, sin explicación,
la esperanza se volvió ajena,
como abrigo en otra estación
que ya no abriga... ni da pena.