Hoy llueve y mi niñez viene a buscarme
con botas de papel y pies descalzos.
La lluvia sabe cómo despertarme
los juegos, los secretos, los descansos
que el tiempo no logró jamás quitarme.
Corríamos detrás de los aguaceros,
la calle era un planeta sin horarios,
soñábamos con barcos verdaderos
y el cielo respondía solidario
a nuestros corazones pasajeros.
La risa era la lluvia en la ventana,
mi madre entre fogones y canciones.
La casa, tan pequeña y tan lejana,
guardaba entre sus viejas estaciones
el mundo donde fui casi mañana.