Wilfrido Raphael

Jinetes del amor

       Por la espesa ruta
sobre el parnaso camino
hace siglos que galopa
un corcel de inmensos bríos.
 
      Ayer lo miré pasar
como saeta sagrada
con los belfos encendidos
y los costados heridos...
 
     Lo guiaba un caballero
extrañamente vestido,
enclenque, desaliñado
con polvo de mil caminos.
 
     Su lanza, ahora obtusa...
otrora tan puntiaguda,
su escudo todo averiado
y su desgarrado peto,
les decían a mis ojos
que en titánica lucha
fue abatido el caballero.
 
      Mas ni siquiera los gigantes
con sus poderosos brazos de vientos huracanados les han cortado el andar.
 
       Sangrando por todo el cuerpo
como el Jesús Nazareno
marcha hacia el horizonte
incansable tras la meta
que le ha trazado su ego.
 
        A retaguardia...
angustiado y afanoso
para ver si le alcanzaba
atosigando un burrito
su escudero trotaba.
 
      Trota que trota el burrito
aunque a veces tambaleante cual lastimero beodo agobiado por el peso
de aquel que lleva en su lomo.
 
      En vanguardia...
sigue firme
el golpeado caballero
persistente en pos del sueño
que le dicta el pensamiento.
 
Cabalga sin desmayar.
Aunque los crueles caminos
han maltratado su dimensión corporal,
el alma conserva incólume como astro sideral.
 
       Un anciano que tenía
decenas de años mirando
la cabalgata historial,
con ojos de sabiduría me miró
y así me dijo:
 
—No es Don Quijote
el jinete, es Cervantes,
hijo mío.

Piaciuto o affrontato da...
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