Irina, si mis ojos sueñan, Irina a mis sentidos frena. Risueña su risiña quema Y calma la ira de mis venas Irina, con su piel de cobre
Si casi algo tuvimos recuérdame siempre en la espora vo… Si casi algo obtuvimos Fue de las flores su fruto versáti… Quizá pétalos fuimos
Diminuta entre mis manos es la piña, mi amuleto, y es que una vez fue piña y ahora es presa del fuego. Arrojada por la Moira
De papeles, la montaña que te ahorca en su sendero, todo aquel es testimonio si lo entierra su heredero. ¿Quién, tras ellos, escribe
Con la patita rota se acerca Baldomero, se acerca. Su pata en sangres mancha al gres de la terraza,
El tallo del lirio marchito respira sobre hojas caducas mecidas por viento supino olvidan las ríadas que surcan. La planta ardiendo se enceniza
Como una nube la oceánida elige el mar que la espuma cubre; y de rojo se tiñe. Como esponjosa nube
Callan las mentiras lo que al hambre dan cobijo. Callan y callan las mentiras Vuelven las tormentas de verdades sin incisos.
Es para mí complicado dedicarte esta poesía: arte mayor la que exclamas, arte menor la mía. En danzas suena la música efímera
Boreales y purpúreas se muestran por no ocultarse de su luz y sus destellos. Una esfera ha de apartarse para que manche su tenue brea
En las llanuras del toral, tras la posada, se avista un columpio en una terraza, donde los niños juegan
Nos acercábamos al bosque, ese lugar donde niños y mascotas corretean al son del baile en la mascarada. Yo y esa niña mora,
Amo la intensidad con que pronuncias tus palabras Y las transformas en emociones que no marchitan ni se apagan. Esa feminidad
Cualquiera sea la herida en ti la besaré. Tu dolo desharé con mis lágrimas vertidas. Cualquiera sea, cualquiera,
Es una lista de infinitos, los que una vez te prometí; palabras envueltas en mitos de lluvia ausente en mi partir. En olimpos de cigüeñas,