En un diluvio recogí algunas flores azules contando así las veces que sacaste lo mejor de mi, una parte que nunca ví.
Nunca aprendí a dejar de avanzar, aprendí mi decepción en ti.
Después de tí, aprendí a decir “E Piú Ti Penso” en italiano y unas cuantas despedidas en francés.
Tu alma llamativa fue parte de mi sanación mental, pero, no podía quedarme más.
Te querré tal vez en los otros universos y la dopamina de mis átomos recordarán tu despedida.
Le contaré al “hogar” lo que quedó de mi, después de tí.
Y no sabré decir otra cosa más que mi última despedida.