María José Luque Fernández

El camino del Tao

El río fluye sin prisa,
ni esfuerzo en su corriente,
bajo el cielo que no juzga,
bajo la luna que no se cansa.
 
La montaña observa en silencio,
sus rocas son testigos del tiempo,
la niebla la abraza cada amanecer,
y renace cada noche, en su misterio.
 
El viento no se apura,
tampoco la flor en su abrir,
el Tao, en su virtud serena,
restaura todo sin hablar.
 
En el jardín del alma,
la raíz se hunde en lo profundo,
y lo que antes se perdió,
se encuentra al abrirse al viento.
 
La virtud es como el agua,
no se esfuerza por fluir,
solo sigue su camino,
y todo lo renueva al pasar.
 
@María José Luque Fernández
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