Soy un río caudaloso y
te cruzo la tierra donde dices “mujer”
y si intentas dominarme, volcaré tu frágil barcaza
y hundido te hallarán las piedras. Soy un río libre y te
cruzo la tierra donde dices “velo” y si intentas cubrirme de
cepas negras y eludir el sentir de mi existencia, tapando
la nutria de mis labios o la espátula de mis pechos,
el sollo de mis cabellos o el salmón de mis tobillos,
escupiré mis ojos hierba sobre tu lodada boca
y respiraré con agallas mi eterno
cauce azul.
Soy
un río principal y te cruzo
la tierra donde dices “costilla” y si
intentas cortar los troncos que nacen libres
a mi paso, junto con sus florecillas, te rodaré hasta el
meandro donde me ensancho las fauces y te mojarás el
llanto atravesado en gemido. Soy un río caudaloso y te cruzo
la tierra donde dices “profeta”. Soy un largo río de subsistencia
y si intentas pescarme, te atraparé el anzuelo para que ningún pez
muera, me haré hoyo y remolino para que tu alevosía calle y halles
la fugacidad del vivir en tus propias carnes. Soy un río caudaloso
y te cruzo la tierra donde dices “blasfema”. Soy un río de pactos
y sabiduría y si intentas despreciarme, levantando muros con
cadáveres de palabras sobre mis aguas para contenerme
desviarme en tu mentira, me creceré victoriosa en
las horas largas de la noche que te duerme y
y que te guarda, para derribarte al alba.
Soy un río caudaloso y te
cruzo la tierra donde dices “dueño”.
Soy un río libre y si intentas emparejarme
a tu secta, te derivaré al olvido, allí donde desembocan
invencibles mis fuerzas, mi acero pulido y te quedarás
hundido en mi tierno delta con tu crimen y castigo,
sin tu sagrado libro y sin vírgenes ¡qué delirio!
Soy un río sin marido. Río y río...
© Maria Luisa Arenzana Magaña