Existir es un susurro,
un leve aliento entre dos vacíos.
Ser, tal vez,
es solo una sombra
que se niega a desaparecer,
un instante que se sostiene
en el borde del abismo.
No ser, sin embargo,
es la quietud que no necesita ser nombrada,
el espacio que no reclama,
la calma que no se pronuncia.
¿Y qué es ser,
si no un constante desvanecerse
en cada latido,
un desdoblamiento de la nada
que se cree algo?
Y en este juego de sombras
y luces rotas,
quizá la única verdad
sea que ni ser ni no ser
importan,
porque el existir se disuelve
en el eco de la duda.