Hay un hueco en mi sombra,
un tajo en la voz que me nombra
cuando me llaman y yo no respondo,
cuando sonrío con la boca,
pero no con el alma.
Soy un espectro con huesos,
un huésped de mi propia piel,
anclado en la multitud
como un faro ciego,
como un río que no recuerda
su camino al mar.
A veces, la noche
me habla con su boca de viento,
me dice que existo solo
porque alguien me mira,
porque el mundo
me proyecta en espejos rotos
donde soy y no soy
al mismo tiempo.
Pero el reflejo es un fraude,
la carne es un traje
que me queda grande,
y mi nombre no es más
que un sonido perdido
en la garganta del universo.
Estoy aquí,
con ellos, contigo, con todos,
pero sigo en la nada,
siguiendo el eco de mí mismo,
buscando en las sombras
la sombra que me falta.