Federico García Lorca

Seis caprichos: Candil

¡Oh, qué grave medita
la llama del candil!
 
Como un faquir indio
mira su entraña de oro
y se eclipsa soñando
atmósferas sin viento.
 
Cigüeña incandescente
pica desde su nido
a las sombras macizas,
y se asoma temblando
a los ojos redondos
del gitanillo muerto.
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