Se oculta en mí la llama que se enciende,
y muerde el horizonte su corola,
el tiempo se disuelve en cada ola,
la sombra es un umbral que no se entiende.
Mi voz, como una antorcha que no hiende,
se pierde donde el viento se acrisola,
y en mí la eternidad se descontrola
mientras la noche su silencio extiende.
Respiro el universo de mi centro,
mi alma es un cristal que se quebranta,
el mundo gira lento hacia lo dentro.
Y aunque parezca inútil, todo canta:
la luz es un misterio cuando entro,
y al fondo de la ausencia, todo encanta.