Te miro y se derrumba mi defensa,
pues todo en ti me lleva a lo imposible:
tu voz es melodía irrepetible
que quiebra la razón con su presencia.
Tu sombra me perfuma la conciencia,
tu nombre en mí retumba, ineludible,
y un fuego me consume, impredecible,
cuando tu luz se cruza con mi esencia.
No sé si es tentación o si es castigo,
mas sé que mi temblor te pertenece,
y muero dulcemente si te sigo.
Amarte es un dolor que me engrandece,
un vértigo sin fin que va conmigo,
un barroco latir que me estremece.