No te enamores de alma que poetiza,
pues arde el verbo allí donde ella pisa;
su mundo es sombra, luz, dolor y risa,
y en cada línea el alma se desliza.
No busques paz en su palabra loca,
su amor no es manso: truena, ruge y choca.
Hace del pecho un cielo que provoca,
y del adiós, un fuego que sofoca.
Sus besos son metáfora encendida,
su abrazo, un laberinto sin salida;
amarla es ser poema en su jornada.
No la ames si temes al abismo:
su tinta es cruz, pasión, y catecismo;
serás papel si entras en su mirada.