Son tus ojos Negros como la noche Y preciosos como la luna Los que deberían ser míos, Y no de ella.
Mirarte a los ojos, reflejarme en ellos, parpadear de pronto y ver que no estás sino solo yo
Me paseo entre cuatro paredes, pateando recuerdos, corriendo papeles, nadando en mis miedos. No te perdí,
Podría embriagarme sólo con tus besos, tatuarme en la piel tus cualidades, robarme sutilmente
Te vi en otro mundo, bajo otro cielo, entre otros brazos; nos separaban kilómetros de casas
Cuando me di cuenta era tarde: me había enamorado de un idiota que al final optó por abandonarme.
A veces la veo mirando a la esquina y dice que hay alguien llorando al otro lado de la pared.
Está mi silencio colapsado por gritos que los recuerdos emiten a medianoche. A veces me despierta
Siento tu cabello oscuro ahora en el viento diario, siento tus besos —el sabor de tus labios— en cada sorbo de chocolate.
Me quedé esperándote no sé cuántas noches, mientras tu reías pasando las lunas. Te esperé sentada
A ti, que sin pretender cambiarme transformaste mi vida y me amaste aun cuando ni siquiera yo misma podía soportarme.
Y que aun cuando no puedas ver nad… puedas verme a mí, quieras verme, y yo te ayude a poder ver las cosas como no las has visto.
A ti se te hizo difícil amar, a mí me costó olvidar, pero al final tu muerte es cuestión de esperar.
Yo entiendo bien que quisieras estar conmigo (porque quién no), pero sé muy bien quien jamás estará contigo
No me gustaría dedicarte poemas, ni siquiera unas pocas líneas, ni canciones o dibujos, ni frases de amor ni de odio. Es más, ni siquiera quiero