En la que nuestros labios exploren el mar
de nuestras almas compartidas
verás que mi amor es verdadero,
hada mía.
Vuela hacia mi vida
hazla sonreír con tus vuelos,
que sin ti yo no puedo
descansar de mis anhelos.
Mira mis ojos,
profundos en sus deseos,
que sin tu mirada me pierdo
y la vida es tortura de hielo.
Mi pasado está aquí,
en la palma de mi mano.
Otros amores tuve,
no te he de mentir,
pero solo tu has podido
romper dentro de mi
la vasija que contiene
tanto frenesí,
que mi existir
ahora es tormento
si tu lo deseas así.
Ámame como yo te amo
con locura, sin recato,
que no haya nada ni nadie entre tu yo y mi yo,
que los demás sean sonidos de agua sin fondo
y no perturben nuestro gozo.
Ven a mis brazos y no temas
abandónate al placer que te imploro
que yo sabré darte lo que nadie nunca
soñaste darte pudiera.
Se mía y de nadie más.
Y te llevaré donde nunca hubieras siquiera soñado estar,
pues soy conocedor de reinos de días y de sombras
que a las hadas son vedados,
pero en los que a mi lado podrás entrar.
Te llevaré donde el placer se rige
libre y pleno
lejos de las dudas y de otras miradas,
en donde no hay ningún desvelo.
Pierde toda aprensión
y se una conmigo,
que ya la tarde anuncia
la llegada de nuestro navío.