Señor, mi carne es débil y errante,
se enreda en sombras, se aparta de Ti,
más mi alma llora, sedienta y amante,
buscando en tu gracia poder revivir.
Las llamas del mundo me tientan, me llaman,
susurros de polvo que engañan mi ser,
mas sé que en tu luz las sombras se apagan,
y en Ti la pureza renace otra vez.
Lava mi pecho con aguas sagradas,
rompe las redes que atan mi piel,
que sea mi cuerpo morada esperada,
templo de amor, refugio de bien.
No dejes que caiga, sé mi sostén,
guíame, oh Padre, por senda de calma,
que sea mi vida reflejo de Edén,
y en Ti encuentre la paz de mi alma.