En sombras y en luces mi alma te anhela,
sedienta de amarte, Señor de la calma,
y en noche callada mi pecho desvela
el fuego sagrado que inflama mi alma.
Me busco y me pierdo, mas todo es en vano,
pues solo en Tu abrazo descanso y respiro,
Tú eres el norte, la senda, la mano,
la llama secreta que enciende mi giro.
Oh dulce misterio, oh luz infinita,
que quiebra mi ser y a polvo lo torna,
que enciende mi pecho con fuerza bendita,
y en gozo celeste mi pena transforma.
¿Qué más he de darte, si todo es tu gloria?
Mi vida, mi aliento, mi eterno cantar,
y en mística entrega, oh Dios, mi victoria
es solo perderme en Tu inmenso amar.