Miguel Peñafiel

CORAZÓN DELATOR

Poesía

 
 
Lo oculté en las sombras, lo cubrí con la noche,
sellé su grito bajo el suelo impío,
y aún así, late...
bajo la tierra, en la nada, en el frío.
 
No hay oídos que escuchen,
no hay ojos que miren,
pero el latido insomne
en mi cráneo persiste.
 
Retumba en mis venas como un eco de muerte,
como un reloj de arena sin rostro ni fin,
y en cada latido, el juicio despierta,
susurra mi nombre, me obliga a rendir.
 
Quise silenciarlo con gritos y sombras,
con golpes de niebla, con rezos de horror,
pero el suelo murmura, las paredes respiran,
y el latido maldito destruye mi voz.
 
Las horas se quiebran en garras de sombra,
las manos me arden, no puedo escapar,
y el rostro espectral de mi propio reflejo
me mira y me acusa en la inmensidad.
 
¡Basta, detente, no sigas latiendo!
Que el alba no vea mi culpa sangrar,
pero es tarde... lo sé... me han visto los ojos,
y el corazón delator me vuelve a enterrar.

Reserva derechos de autor.

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