Lloran las sombras en la madrugada,
vagan sus pasos por ruinas calladas.
El frío se clava como un puñal,
latiendo en su pecho un duelo mortal.
Sus ojos reflejan la luna herida,
eco silente de amor y de vida.
Susurros del viento le cuentan de ayer,
más solo el olvido le vuelve a querer.
Las calles desiertas su voz apagaron,
besos marchitos su piel enterraron.
Rostros sin nombre cruzan su andar,
pero nadie escucha su llanto callar.
El viento le canta con voces lejanas,
recuerdos que duelen, promesas profanas.
Las calles desiertas lo ven suspirar,
más nadie le ofrece un puerto en su mar.
¿Quién oye el grito del alma perdida?
¿Quién seca el llanto que el tiempo no olvida?
Sombras y ruinas le dan su calor,
pues solo la nada le ofrece un amor.