De nuevo tus ojos en sombra me miran,
con dulce distancia, con fuego callado.
Mis pasos me llevan allí donde giran
las horas que sueñan lo que no ha pasado.
Tu risa es un eco que late en la brisa,
un oro disperso que el alba derrama.
Y en medio del viento tu aroma desliza
el néctar secreto que enciende mi llama.
Voy como un viajero que sigue una estrella,
siguiendo los rastros que deja tu estela.
Quizás en mis labios la suerte más bella
no sea el destino... sino la novela.
Y cuando te mire, sabrás sin palabras
que el tiempo es un círculo donde te hallaba.
No hay prisa en mis manos, no hay miedo en mi alma,
tan solo el latido de quien no se acaba.