En la brisa de un sueño marchito,
se ahoga el sol en mares de olvido.
Susurra el viento versos callados,
sombras errantes, nombres olvidados.
El tiempo muerde con dientes fríos,
todo es ceniza, todo es vacío.
Pero en la muerte, dulce y callada,
la noche canta... nunca se apaga.
Los cirios tiemblan en tumbas calladas,
arden sus llamas en danza olvidada.
Cruje la tierra bajo su peso,
ronco lamento... último beso.
Y cuando el alba muera en la niebla,
cuando la sombra devore la senda,
quedará el eco de un triste suspiro,
perdido y solo... lejos del camino.