Forjados en llamas de fe y acero,
templarios valientes de honor sincero.
Guardaban el templo, sagrado hogar,
con sangre y juramento listos para luchar.
De blanco manto y cruz escarlata,
desafiaron al tiempo con alma intacta.
Espadas al cielo, rodilla en el suelo,
juraron lealtad a un reino eterno.
Más allá del oro, la gloria y la muerte,
su causa era noble, su sino era fuerte.
Silencio en las sombras, misterio en su huella,
guardianes del Grial, herederos de estrella.
Cayeron en fauces de traición y de ira,
pero su fuego jamás se extinguiría.
Pues en cada alma que busca la luz,
vive un templario con su propia cruz.