Estos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados. Mientras no pude encerrar íntegras mis visiones en una forma adecuada a ellas, dejé volar mis visiones: ¡oh, cuánto áureo...
Ven, mi caballo, a que te encinche: quie… Que no con garbo natural el coso Al sabio impulso corras de la vida, Sino que el paso de la pista aprendas, Y la lengua del látigo, y sumiso
Sí! yo también, desnuda la cabeza De tocado y cabellos, y al tobillo Una cadena lurda, heme arrastrado Entre un montón de sierpes, que revuelta… Sobre sus vicios negros, parecían
¡Ea, jamelgo! De los montes de oro Baja, y de andar en prados bien olientes Y de aventar con los ligeros cascos Mures y viboreznos, y al sol rubio Mecer gentil las brilladoras crines!
Dicen, buen Pedro, que de mí murmuras porque tras mis orejas el cabello en crespas ondas su caudal levanta: diles, ¡bribón!, que mientras tú en fest… en rubios caldos y en fragantes pomas,
Ganado tengo el pan: hágase el verso,— y en su comercio dulce se ejercite la mano, que cual prófugo perdido entre oscuras malezas, o quien lleva a rastra enorme peso, andaba ha poco
Bien: ya lo sé! La Muerte está sentada A mis umbrales: cautelosa viene, Porque sus llantos y su amor no apronten En mi defensa, cuando lejos viven Padres e hijo. Al retornar ceñudo
Dicen que un suizo, de cabello rubio Y ojos secos y cóncavos, mirando Con desolado amor a sus tres hijos, Besó sus pies, sus manos, sus delgadas, Secas, enfermas, amarillas manos;
¿Flores? No quiero flores! Las del ciel… Quisiera yo segar! Cruja, cual falda De monte roto, esta cansada veste Que me encinta y engrilla con sus miembr…
El Sol alumbra: ya en los aires miro La copa amarga: ya mis labios tiemblan, No de temor, que prostituye, de ira!... El Universo, en las mañanas alza Medio dormido aún de un dulce sueño
Oh, ritmo de la carne, oh melodía, Oh licor vigorante, oh filtro dulce De la hechicera forma! No hay milagro En el cuento de Lázaro, si Cristo Llevó a su tumba una mujer hermosa!
Oh, qué vergüenza! El Sol ha iluminado La Tierra; el amplio mar en sus entraña… Nuevas columnas a sus naves rojas Ha levantado; el monte, granos nuevos Juntó en el curso del solemne día
Homagno sin ventura La hirsuta y retostada cabellera Con sus pálidas manos se mesaba. “Máscara soy, mentira soy, decía; Estas carnes y formas, estas barbas
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: “Flor de mi seno, Homagno generoso, De mí y de la Creación suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se torn… Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Aquí estoy, solo estoy, despedazado. Ruge el cielo; las nubes se aglomeran, Y aprietan, y ennegrecen, y desgajan. Los vapores del mar la roca ciñen. Sacra angustia y horror mis ojos comen.
Solo, estoy solo: viene el verso amigo, Como el esposo diligente acude De la erizada tórtola al reclamo. Cual de los altos montes en deshielo Por breñas y por valles en copiosos
Una cita a la sombra de tu oscuro Portal donde el friecillo nos convida A apretarnos los dos, de tan estrecho Modo, que un solo cuerpo los dos sean: Deja que el aire zumbador resbale,
De pie, cada mañana Junto a mi áspero lecho está el verdugo. Brilla el Sol, nace el mundo, el aire a… Del cráneo la malicia, Y mi águila infeliz, mi águila blanca,
De gorja son y rapidez los tiempos. Corre cual luz la voz; en alta aguja, Cual nave despeñada en sirte horrenda, Húndese el rayo, y en ligera barca El hombre, como alado, el aire hiende.
He vivido: me he muerto: y en mi andante Fosa sigo viviendo: una armadura Del hierro montaraz del siglo octavo, Menos sí, menos que mi rostro pesa. Al cráneo inquieto lo mantengo fijo
. . . . . . . . . . . . Cuando, oh Poes… Cuando en tu seno reposar me es dado! Ancha es y hermosa y fúlgida la vida. Que éste o aquél o yo vivamos tristes, Culpa de éste o aquél será, o mi culpa!
Ésta, es rubia, ésa, oscura; aquélla, ex… Mujer de ojos de mar y cejas negras; Y una cual palma egipcia, alta y solemne… Y otra como un canario gorjeadora. Pasan y muerden; los cabellos luengos
De un muerto, que al calor de un astro p… De paso por la tierra, como un manto De oro sintió sobre sus huesos tibios El polvo de la tumba; al sol radiante Resucitó gozoso, vivió un día,
¿Que como crin hirsuta de espantado Caballo que en los troncos secos mira Garras y dientes de tremendo lobo, Mi destrozado verso se levanta?... Sí, pero ¡se levanta! A la manera,
A los espacios entregarme quiero Donde se vive en paz y con un manto De luz, en gozo embriagador henchido, Sobre las nubes blancas se pasea, Y donde Dante y las estrellas viven.
Frente a las casas ruínes, en los mismos Sacros lugares donde Franklin bueno Citó al rayo y lo ató, por entre truncos Muros, cerros de piedra, boqueantes Fosos, y los cimientos asomados
¿Por qué no acaba todo, ora que puedes Amortajar mi cuerpo venturoso Con tu mantilla, pálida andaluza? No me avergüenzo, no, de que me encuentr… Clavado el corazón con tu peineta!
Como nacen las palmas en la arena Y la rosa en la orilla al mar salobre, Así de mi dolor mis versos surgen Convulsos, encendidos, perfumados. Tal en los mares sobre el agua verde,
Odio el mar, sólo hermoso cuando gime Del barco domador bajo la hendente Quilla, y como fantástico demonio De un manto negro colosal tapado, Encórvase a los vientos de la noche
Con un astro la tierra se ilumina; Con el perfume de una flor se llenan Los ámbitos inmensos. Como vaga, Misteriosa envoltura, una luz tenue Naturaleza encubre, y una imagen
Hay una raza vil de hombres tenaces De sí propios inflados, y hechos todos, Todos del pelo al pie, de garra y diente… Y hay otros, como flor, que al viento ex… En el amor del hombre su perfume.
Una copa con alas ¿quién la ha visto Antes que yo? Yo ayer la ví. Subía Con lenta majestad, como quien vierte Oleo sagrado; y a sus dilces bordes Mis regalados labios apretaba.
Como un ave que cruza el aire claro, Siento hacia mí venir tu pensamiento Y acá en mi corazón hacer su nido. Abrese el alma en flor; tiemblan sus ram… Como los labios frescos de un mancebo
Esplendía su rostro; por los hombros Rubias quedejas le colgaban; era Una caricia su sonrisa: era Ciego de nacimiento: parecía Que veía: tras los párpados callados
Mirala! ¡Es negra! ¡Es torva! Su treme… Hambre la azuza. Son sus dientes hoces; Antro su fauce; secadores vientos Sus hálitos; su paso, ola que traga Huertos y selvas; sus manjares, hombres.
Con letras de astros el horror que he vi… En el espacio azul grabar querría En la llanura, muchedumbre:—en lo alto Mientras que los de abajo andan y ruedan Y sube olor de frutas estrujadas,
Mis versos van revueltos y encendidos Como mi corazón: bien es que corra Manso el arroyo que en fácil llano Entre céspedes frescos se desliza: Ay!; pero el agua que del monte viene
La verdad quiere cetro. El verso mío Puede, cual paje amable, ir por lujosas Salas, de aroma vario y luces ricas, Temblando enamorado en el cortejo De una ilustre princesa, o gratas nieves
La poesía es sagrada. Nadie De otro la tome, sino en sí. Ni nadie Como a esclava infeliz que el llanto enj… Para acudir a su inclemente dueña, La llame a voluntad: que vendrá entonces
Cuentan que antaño,—y por si no lo cuent… Invéntolo,—un labriego que quería Mucho a un zorzal, a quien dejaba libre Surcar el aire y desafiar el viento— De cierto bravo halcón librarlo quiso
La fatiga y las sábanas sacudo: Cuando no se es feliz, abruma el sueño Y el sueño, tardo al infeliz, y el miedo A ver la luz que alumbra su desdicha Resístense los ojos,—y parece
No, música tenaz, me hables del cielo! ¡Es morir, es temblar, es desgarrarme Sin compasión el pecho! Si no vivo Donde como una flor al aire puro Abre su cáliz verde la palmera,
En torno al mármol rojo en donde duerme El corso vil, el Bonaparte infame, Como manos que acusan, como lívidas Desgreñadas crenchas, las banderas De tanto pueblo mutilado y roto
Yo sacaré lo que en el pecho tengo De cólera y de horror. De cada vivo Huyo, azorado, como de un leprosos. Ando en el buque de la vida: sufro De náusea y mal de mar: un ansia odiosa
Muy fiera y caprichosa es la Poesía, A decírselo vengo al pueblo honrado: Lo denuncio por fiera. Yo la sirvo Con toda honestidad: no la maltrato; No la llamo a deshora cuando duerme,