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Alfredo Jiménez G.
8aConmueve el candor de aquella "niña ufana" que nos describe en primaverales versos el gran Poeta José Martí. Seguramente la descubrió al intentar aplacar la danza de su cortina azul, complicada con el viento que, como un enamorado clandestino, entraba a hurtadillas a través de su ventana. Cualquier mortal se hubiese enternecido al contemplar a esa pequeña extendiendo sus brazos repletos de flores hacia el astro rey que prodiga sus rayos de abril. Pero Martí fue más allá de la ternura, nos entrega en su poema una breve e ilustrativa fábula: Es la inocencia de la entrega incondicional, contra la doble cara que presenta el amor humano. Está de más describir lo que sucedería si el sol extendiera dos brazos resplandecientes para atraer hacia sí a la niña suicida involuntaria. En nuestras manos imperfectas el amor se torna letal. "Matamos lo que amamos", dijeron cada cual a su estilo y en su época, tanto Oscar Wilde como Rosario Castellanos. También el Apostol de la Libertad lo ratifica. Mentira y desencanto han causado millones de víctimas, pero también la pasioón y la dicha desmedidas, son nocivas para la salud. Como sea, no hay más dulce fin que morir amando. Y de esto último queda como dramático testimonio, un par de amantes petrificados en Pompeya.