Si lloráis mis muertos lloraré los tuyos.
Si tu fuente de agua de vida recorre mis caminos
haré florecer el jardín de tus sueños
y tus días y los días de los tuyos serán infinitos.
Si amasas el pan con tus manos encallecidas
y lo repartes calmando el hambre y la angustia
de los hijos del hombre, tu nombre será recordado
y entonces podrás ser llamado hijo del todopoderoso.
Si por el contrario levantas tu espada
y tus manos escupen fuego y tus hombres y mujeres
se alistan para una guerra de cien mil días,
daré toda tu generación y las venideras al plañir.
No habrá refugio para las mujeres en parto
ni techo para los hombres de tu estirpe.
Todos serán malditos y señalados con escarnio
como los hijos de la ira, no volverán a tener suelo.
Multiplicaste por diez mil la violencia de tu hermano
Y te negaste a redimirlo dándole cobijo en su propia tierra
Lo volvisteis paría, aunque era el dueño
Y sin misericordia lo echaste a la ignominia.
Dejaste que el cuervo y los zopilotes
Se dieran un festín con sus carnes y huesos
Destruiste sus casas, sus covachas e inundaste sus refugios
Asesinaste a sus tiernas proles sin inmutarte a su llanto.
Mentiste al mundo diciendo que todo lo hiciste
Porque antes te lo hicieron a ti.
Tu boca llena de la sal de la mentira quería que la sopa
De la verdad gustará a tus adeptos mefistofélicos.
Sin lágrimas en los ojos con la sangre
vertiendo por sus venas famélicas
Los hijos de la Palestina del Cristo Rey,
Lloran su suerte echada a los perros de Israel.
El mundo absorto ve caer a los miles de sus hijos
y atiza la llama de la guerra cruenta con más pertrechos.
Invocan a la madre de las venganzas
para justificar la inmisericorde matanza.
Entonces dicen: Jehová el Dios de los ejércitos
está conmigo y va delante en mi batalla.
Tengo la espada de David y el cetro de Salomón,
más has perdido el corazón y el amor de Jesús.
Hoy no eres más que el Caín
matando a tu hermano Abel
Justificas los millares de muertes
Con tu irónico canto de paz.
Alabaré a Dios, el día de tu muerte.
La sangre derramada injustamente dejará de clamar
y una nueva vegetación y brisa
vendrá desde el Jordán acariciarme.