Gabriela Mistral

La ola muerta: Enfermo

Vendrá del Dios alerta
que cuenta lo fallido.
Por diezmo no pagado,
rehén me fue cogido.
Por algún daño oscuro
así me han afligido.
 
Está dentro la noche
ligero y desvalido
como una corta fábula
su cuerpo de vencido.
Parece tan distante
como el que no ha venido,
el que me era cercano
como aliento y vestido.
 
Apenas late el pecho
tan fuerte de latido.
¡Y cae si yo suelto
su cuello y su sentido!
 
Me sobra el cuerpo vano
de madre recibido;
y me sobra el aliento
en vano retenido:
me sobran nombre y forma
junto al desposeído.
 
Afuera dura un día
de aire aborrecido.
Juega como los ebrios
el aire que lo ha herido.
Juega a diamante y hielo
con que cortó lo unido
y oigo su voz cascada
de destino perdido...
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Estruja el corazón el episodio que con tan hábil pluma ha plasmado la Poeta Gabriela Mistral. Nuestra estructura física es tan frágil que caemos enfermos con mucha facilidad. Y cuando nos toca cuidar a un ser querido nos sentimos tan impotentes... Quisiéramos brindarles un poco de la salud que nos sobra, toda si fuera posible o estar en su lugar, padeciendo por ellos. Un hijo, la madre, el hermano, nos son tan imprescindibles, por el sencillo prodigio del amor, sólo por existir están en el centro de nuestros más caros afectos y los necesitamos a nuestro lado para siempre. Por eso la gran Poeta chilena y universal, que sufrió la muerte de su prometido, comienza su poema haciendo que una madre se pregunte ¿Qué hizo mal para tener que sufrir la grave enfermedad de su hijo? Las leyes de la vida a veces nos parecen tan amargas... Hasta la fe más fuerte se ve comprometida en tales circunstancias. Dijo otro gran Poeta chileno, Pablo Neruda, ante el misterio de la muerte de un ser querido (una amiga): "ebrio mi corazón (bajo Dios), tambalea". A un buen porcentaje de la humanidad, sólo nos queda rezar. Los demás sólo cuentan con su propia fortaleza. Las reacciones al dolor del alma son tan diversas como los individuos. Pero vale la pena amar, aunque todos seamos efímeros.

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