Nací un segundo después de mi muerte.
O quizá fue al revés.
El tiempo no avanza,
solo se desmorona.
Nos creemos río,
y apenas somos
una gota que no tocó el suelo.
Nada espera.
Nada queda.
Nada mira hacia atrás.
Si la vida fue algo,
fue un parpadeo en la sombra.
Un latido huérfano.
Un fuego que nunca supo
que ya estaba apagado.