Lino y luna,
eras de un tiempo pasado
que nunca apuró su reloj.
Tu cuello,
sutil,
espigado cual río suspendido,
tus ojos,
dos umbrales a un otoño sin nombre.
El lazo en tu cabello,
tu cabello
un suspiro atado al viento,
una memoria de infancia
olvidada entre los pliegues de tu vestido,
tan leve,
tan a punto de deshacerse en el aire.
Caminaste sobre la fina linea del crepúsculo,
no hubo prisa en tus pasos,
solo la danza callada de quien sabe esperar.
Fuiste un secreto en la boca del tiempo,
tal vez solo un eco,
un reflejo en la piel de una tela
que nunca terminó de secarse.