Y despertar,
entre el roce de tus pestañas.
Sumergirme a la única idea latente dentro de ambos.
No el amor, ni la alegría.
Sino un estado puro,
brutal, agónico de felicidad.
Asquerosa felicidad desconocida.
Un abrir y cerrar de ojos,
un cíclope de Cortázar en plena madrugada.
Un llanto desatendido,
un estornudo suicida.
Despertar por qué si y no sé cuando.
Retrasando las horas con frases idiotas,
muecas infantiles,
silencios exquisitamente incómodos.
Despertar escondida en tí,
acurrucada en el vacío de tus brazos.