La luna pinta en el cielo
un reflejo de cristal,
mientras el viento, tan fiel,
se lleva el eco del mal.
Las olas besan la arena,
susurros de un dulce ser,
y el alma, en su condena,
se pierde en su propio ayer.
Se alza el alba con su canto,
despierta el mundo en flor,
y el corazón, en su encanto,
se entrega al dulce amor.
Pero el tiempo, como río,
arrastra el sol de su lío.