Tus manos llegaron
antes que tú.
Y en tus manos,
toda la historia.
Un pétalo cayó,
y lloré por la flor entera.
Una voz,
y supe que era el pueblo.
Un gesto,
y comprendí el amor.
La sinécdoque es humilde:
no necesita todo,
para decir todo.
Basta un fragmento
para abrir el universo.