El campo resplandece recién verde,
coronas diminutas lo iluminan,
la brisa entre las flores se desprende,
azules suspiros que germinan,
tejidos en la estela del rocío.
Pequeñas margaritas van brotando,
el suelo se adorna de su encanto,
sus pétalos al viento van flotando,
parecen susurrar un dulce canto,
un eco de ternura y primavera.
¡Quién pudiera soñar aún despierto,
perderse en los colores de la hierba,
sentir que el corazón sigue cubierto,
de un tiempo que en su paso nunca yerra,
y en calma se disuelve sin olvido!
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