¿Cómo le explico al abuelo
que el campo ya no es el mismo,
que el río va seco y muerto
y el viento huele a vacío?
¿Cómo decirle que el trigo
no crece como solía,
que el sol, como un enemigo,
quema la tierra baldía?
Él, que labraba la vida
con manos de sol y arado,
él, que en la lluvia veía
pan y futuro dorado.
Si despertara y mirara
los surcos rotos, sin siembra,
tal vez su sombra callara
y se hiciera brisa lenta.
Pero aún canta la acequia,
aún susurra la alondra,
y en la raíz de la tierra
su memoria se hace sombra.