Haiku 47
11/10/2018
¡Dios! me arrepiento, a ellos pido perdón, Tú, ¿me ayudaste? Fui tan frágil, tan débil sobre todo, tan sola.
¡Pobre Arlequín! lloran tus ojos… aunque en tu rostro exista la sonr… sólo es tuyo el lamento de la bris… que con amor y gran ternura vistes… ¡Tú, mi Arlequín! que escasamente…
Cae la tarde y me sorprendo contemplando el ocaso del día, cuando una brisa fría y húmeda me estremece.
Los dos jamás podrán brillar unidos. El sol no sabe que para que haya luna, debe irse con la noche.
El rayo abruma y al cesar la tormenta, ¡lloran los sauces!
Viejo reloj, que gira sin cesar, evoca al tiempo.
¡Cuanta hermosura! río, árbol, viento, flor. Lluvia de abril.
Si los sueños se pudiesen escoger y la vida fuese la manifestación de ellos, no habría por qué sufrir;
Y yo aún aquí, mientras canta la alondra y nace el día.
Cuando hablamos con el corazón, la voz acaricia el silencio...
Y esa hoja verde, solitaria y endeble, vaga en el agua.
Hoy siento como nunca la partida de los que ya no están. Son esos días extraños en que nota… que nos falta todo, en que nos cue… respirar, o simplemente se impone…
Es como lluvia que cayéndonos sobre la piel no moja. Es negra oscuridad rebozante de luz.
Siento tu risa como ese eco distante que se aleja en la frialdad de cada invierno. Y tu voz...
¡Oh! sol de vida, nutriendo las crisálidas, ¡Hay mariposas!