Haiku 16
Abril /12/2016
Entre las nubes, cabalgo tan veloz, que aplasto al viento.
En el silencio, mi oído siempre alerta, siente al fin... ¡paz!
Enlazadas nuestras tristes manos atravesamos la gran ciudad, sería nuestro último verano para enfrentar la realidad. Llegaste a tu morada final
Abro mis ojos, miro el amanecer. Siento el aroma de la mañana y digo: ¡desperté!, soy feliz.
Algún día padre, me darás tu mano. Y yo también,
Siento tu risa como ese eco distante que se aleja en la frialdad de cada invierno. Y tu voz...
Olor a lluvia, soledad aparente. ¡Cantan las aves!
Las cuatro décadas de tan hermosa niña, suman otoños.
¡Qué solitarias emergen las espigas de entre las ramas! Entre nubes, sus largos tallos al sol invocan.
Mi querida maestra: Eras una y única nuestra, latía en nuestro corazón, la fe de volverte a ver, sin nosotras poder saber,
Es como lluvia que cayéndonos sobre la piel no moja. Es negra oscuridad rebozante de luz.
Y... me di cuenta que soñaba, al instante de despertar.
Eras tres años menor, con tu risa reluciente, siempre estarás en mi mente, ¡te recuerdo con amor! Aunque todos te adoraran,
No soy perfecta, la perfección no es vida. Es obsesión, y eso, ya es un defecto. ¡Errar para vivir!
Caracolillo, al verte desde lo alto, ¡cuan frágil eres!