Entre más humanidad– ética siembras en tu camino
la política se vuelve una práctica sencilla
casi como el inconsciente desenfreno creativo
de tu espíritu cabalgando las experiencias.
Ni como Kant, es el fin
es más el principio rector de tu consciencia
debe venir del impulso por la satisfacción moral individualizada
de saberse estudiado, casi sobreanalizado en lo que se ejercerá.
En cualquier ámbito transversaliza ese ideal
no como una recompensa egoísta
y estúpida de sentirte bien contigo mismo
sino más bien de verse humilde
casi debajo que tus palabras y el ejercicio político
simplemente nombren su ética por ti.
Ahí reconocerás que no es el poder
ni el ejercicio
ni lo material
ni la clase dominante
cualesquiera formas categóricas políticas de exigencia histórico-social.
Solo el único hecho creador de saberse insignificante
para hacer de la comparación y la competencia una sustancia absurda
simplemente el respeto de que te sepas y te sepan
sujeto de un sitio en el mundo.
No hay filosofía/política sin ética, ellas solas
construirían a la filosofía sin reflexión
y a la política sin institución.
“La política nos permite hacer realidad lo que imaginamos de un mundo mejor”