#Mexicanos #PremioCervantes #PremioNobel #SigloXX (1937-1948) (1938-1946) Calamidades Puerta condenada milagros y
Nace de mí, de mi sombra, amanece por mi piel, alba de luz somnolienta. Paloma brava tu nombre, tímida sobre mi hombro.
Como tras de sí misma va esta línea por los horizontales confines persiguién… y en el poniente siempre fugitivo en que se busca se disipa —como esta misma línea
El libro el vaso el verde obscuramente tallo el disco lecho de la bella durmiente la música
El comienzo el cimiento la simiente latente la palabra en la punta de la lengua
Si tú eres la yegua de ámbar yo soy el camino de sangre Si tú eres la primer nevada yo soy el que enciende el brasero del al… Si tú eres la torre de la noche
La noche borra noches en tu rostro, derrama aceites en tus secos párpados, quema en tu frente el pensamiento y atrás del pensamiento la memoria. Entre las sombras que te anegan
A través de la noche urbana de piedra y… entra el campo a mi cuarto. Alarga brazos verdes con pulseras de páj… con pulseras de hojas. Lleva un río de la mano.
Tiemblan los intrincados jardines juntan los árboles las frentes cuchichean El día arde aún en mis ojos
Mixcoac fue mi pueblo: tres silabas noct… un antifaz de sombra sobre un rostro sol… Vino Nuestra Señora, la Tolvanera Madr… Vino y se lo comió. Yo andaba por el mu… Mi casa fueron mis palabras, mi tumba el…
Nacida al borde de un ladrillo en un rincón del patio, brizna de yerba combatiente contra el aire y la luz, aire y luz ella misma.
Verdes y negras espesuras, parajes pelad… río vegetal en sí mismo anudado: entre plomizos edificios transcurre sin… y allá, donde la misma luz se vuelve dud… y la piedra quiere ser sombra, se disipa…
El enorme perro abrió los ojos, pegó un salto y arqueando el negro lomo, bien plantado en sus cuatro patas, aulló con un aullido inacabable: ¿qué veía con seis ojos inyectados,
Ruidos confusos, claridad incierta Otro día comienza. Es un cuarto en penumbra y dos cuerpos tendidos. En mi frente me pierdo
Un pulso, un insistir, oleaje de sílabas húmedas. Sin decir palabra oscurece mi frente un presentimiento de lenguaje.
Inmóvil en la luz, pero danzante, tu movimiento a la quietud que cría en la cima del vértigo se alía deteniendo, no al vuelo, sí al instante. Luz que no se derrama, ya diamante,