Ahora que somos uno, no dos,
ahora que los cielos se abren ante nosotros,
ante nuestra dicha,
en purpura y granate.
Ahora que somos labios
henchidos de gozo,
que recorren presurosos
pieles tornasoladas por la pasión.
Labios que se extravían en sus delirios,
entre sonidos sin sentido.
Labios que pululan por el fondo del abismo,
de un profundo océano de amor.
Labios que se deslizan, perezosos,
en este lugar donde las manos,
criaturas alocadas, recorren,
atolondradas,
con sus espolones acerados e hirientes,
este lugar
oscuro, telúrico, cálido,
absorbente y eterno.
Lugar sin fin,
donde no hay resquicio para la lejanía,
con cuerpos y almas,
alas y pieles,
juntándose y jugando
a ser uno del otro,
buscando el olvido
de lo que eran
cuando no estaban unidos.
Ahora es el momento,
ahora el lugar,
en que se consuman nuestros deseos,
esos que no debemos hacer callar,
esos que gritan en esta hoguera
que ha crecido mas y mas
y que ahora ya no es fuego
sino incendio de estrellas,
aurora celestial.