Te encontré en el eco de un tiempo olvidado,
en sombras de siglos que vuelven a mí,
mi alma susurra que ya te he amado,
más en tus ojos no hay luz para mí.
Fui en otro mundo tu sol y tu estrella,
fui el susurro en tu piel al soñar,
pero hoy soy nada, solo una huella,
un viento errante que no ha de quedar.
Qué cruel es el alma cuando recuerda,
cuando se aferra a lo que murió,
pues mi amor, aunque eterno, se pierde
si en tu latido ya no existo yo.
Dime, destino, ¿por qué la he hallado,
si no era mía en esta ocasión?
Quizás los dioses me han condenado
a amarla en pena... sin redención.