Miguel Peñafiel

LLAMA DE CULPA Y GRACIA

Poesía

 
 
Señor, en tu sombra mi pecho se esconde,
más temo que el beso de un fuego mundano
ha hollado el sendero donde tu voz onde
y ha vuelto mis labios en labios profanos.
 
Mis ojos, que un día buscaron tu gloria,
quisieron perderse en la miel de su frente.
Sus brazos me dieron la vana victoria,
y en ellos la muerte se hizo presente.
 
Perdona si a ella mis sueños nombraron,
si ardió mi latido en su llama dorada.
Tú solo eres llama que enciende lo santo,
tú solo eres agua que limpia mi alma.
 
Arráncame, Cristo, la espina y la duda,
devuelve mi vida a tu amor infinito.
Que sea mi pena la flor que te ofrenda,
que sea mi llanto el óleo bendito.

Reserva derechos de autor.

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