Si al morir mis labios aún te nombran,
si en mi último aliento va tu voz,
sabrás que mi amor no tuvo sombra,
que ardió en mi pecho como un sol.
Te amé en la brisa y en la pena,
te amé en la luz y en el dolor,
y aunque la muerte tienda su venda,
mi amor será un eterno ardor.
No temas, si el alba no me encuentra,
si solo el viento besa mi piel,
pues en mis huesos tu amor se aferra,
como raíz en triste laurel.
Y si algún día ves mi sepulcro,
y el mármol frío no dice nada,
escucha el eco de un canto oculto:
serás mi vida... aunque no haya alma.